martes 29 de abril de 2008

El CACAO COMO MONEDA. La almendra del dinero: historia, ritos y usos.


[ En el número anterior veíamos cómo se producía el primer contacto del mundo occidental con las almendras del cacao. Fue gracias al Cuarto Viaje que Cristóbal Colón realizó a las Indias Occidentales- como al principio se llamó a América- junto con su hijo de 14 años, Hernando Colón y su hermano Bartolomé Colón .Ver en la parte inferior de este artículo. ]

II) El Cacao como Moneda

El cronista de principios del siglo XVII, Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés al escribir sobre los nicarao (indígenas mayas de Nicaragua) nos relata el valor del cacao como moneda: “entre los nicarao un conejo valía diez almendras, por cuatro almendras dan ocho pomas o nísperos de aquella excelente fruta que ellos llaman munoncapot, y un esclavo vale más o menos cien almendras”.

Lo más probable es que entre los antiguos mayas prevaleciesen valores muy parecidos a éstos. En aquella época toda cosa que se pudiese comprar o vender entre estas gentes tenía su precio en almendras de cacao, al igual que entre los cristianos lo tenían en doblones o ducados. Así por ejemplo, quien quisiese una mujer para su libidinoso uso, le daba por una “carrera” ocho o diez almendras, según convengan las partes.

Pero como bien dice el refrán: no es cacao todo lo que reluce. Y claro, también surgía la picaresca, el fraude y la falsificación de la moneda. La técnica era la siguiente: cogían las almendras de cacao y le quitaban la cortezita o cáscara dejándolas huecas. Después las hinchaban de tierra o de cualquier otra cosa para finalmente cerrarlas tan sutilmente que nadie las pudiese conocer. Se imaginan Vds. al comerciante examinando una a una las almendras de cacao. Pues sí, así se solía hacer…

III) Rituales Mayas

Dentro de la cultura maya las ceremonias de compromiso y matrimonio tampoco escapaban al influjo del cacao. Así en la boda, la novia le da al novio un escabelito pintado de colores, y también le da cinco granos de cacao y le dice: "éstos te doy en prenda de que te acepto como esposo". Y él también le da unas faldas nuevas y otros cinco granos de cacao, diciéndole lo mismo. Además en el banquete de boda era tradición hacer “chocola,k”, palabra que quiere decir: “beber chocolate juntos”.

En la actualidad, los mayas lacandones (Región de Chiapas, México), mantienen intactas muchas de estas tradiciones culinarias referentes al cacao que pertenecieron a sus antepasados.

La bebida hecha con cacao también desempeñaba un papel muy importante en los rituales y banquetes mayas. Tanto que los mercaderes, nobles y ricos estaban obligados a dar grandes festines donde hubiese abundancia de ésta: “Muchas veces gastan en un banquete lo que en muchos días mercadeando y trapeando ganaban. La primera que es de los señores y gente principal, obliga a cada uno de los invitados a que hagan otro convite y que den a cada uno de los convidados un ave asada, pan y bebida de cacao en abundancia”.

Antonio Fuentes y Guzmán nos describe otra de las posibles transformaciones del cacao en bebida alcohólica: “Volviendo a registrar las virtudes del cacao, debe saberse que en cuanto sale del fruto exuda un liquido excelentísimo y muy fresco, que los indios toman con gran destreza. Para ello amontonaban los granos frescos, rodeados de su pulpa en pequeñas canoas de troncos, limpias, en las cuales, por su propia gravedad, la pulpa producía un abundante licor del sabor más suave, entre ácido y dulce y que es de lo más refrescante”. Fíjense Vds. como será la cosa que durante nuestra expedición Ruta Quetzal, 1997 (Primera Expedición Científica a América), donde seguimos los pasos de Francisco Hernández, protomédico de Felipe II, descubrimos en Pichucalco (México) a unos agricultores que aún elaboraban artesanalmente esta extraordinaria pócima de la cual conservo una diminuta botellita como oro en paño. Si Vds. gustan… sólo tienen que decírmelo. Esta bebida, licor de cacao (debido a la fermentación de las semillas) se sigue elaborando hoy en día y es considerada una exquisitez entre los paladares más exigentes.

En el Popol Vuh, o Libro del Consejo, considerado el libro sagrado de los mayas quiché de los Altos de Guatemala, escrito no mucho después de la llegada de los españoles, se cuenta como la cabeza cortada de uno de los primeros gemelos, (conocido como Dios del Maíz), hijo de la anciana pareja que había creado el universo, se cuelga de un árbol que un vaso maya clásico representa como un cacaotero. El cacao aparece reiteradas veces en este Libro del Consejo tal como ha llegado hasta nosotros: “Y de esta manera se llenaron de alegría, porque habían descubierto una hermosa tierra llena de deleites, abundante en mazorcas amarillas y mazorcas blancas y abundante también en pataxte y cacao y en innumerables zapotes, amones, matasanos y miel”.

En el nuevo mundo anterior a la conquista, la escritura jeroglífica sólo se conocía en Mesoamérica, y alcanzó su máxima elaboración entre los mayas. Ahora, gracias a recientes investigaciones epigráficas, sabemos que podían escribir todo lo que contenía su lenguaje en un sistema en parte fonético silábico, y en parte semántico (con signos que equivalían a unidades de significado). Entre las cosas sobre las que escribieron se encuentra el cacao. Los antiguos mayas eran un verdadero “pueblo libro”.

Sin embargo, el papel donde escribían- hecho de corteza de ficus- era muy perecedero. Sólo cuatro libros han sobrevivido hasta ahora, y todos corresponden al periodo postclasico, el previo a la conquista española. El más bello de estos libros en forma de biombo que aún sobrevive es el Códice Dresde, que trata de actividades rituales vinculadas con el ciclo sagrado de 260 días, en las que se puede ver a dioses sentados sosteniendo frutos de cacao, o platos rebosantes de granos de cacao. Sabemos que se trata de esto, porque encima de cada deidad se afirma que lo que tiene en la mano es “su cacao -u kakaw”-.

El cacao aparece también en el Códice de Madrid. En una escena, un joven dios se acuclilla mientras toma ramas de un cacaotero, y un quetzal le sobrevuela llevando un fruto de cacao en el pico; en el texto asociado se encuentra el habitual compuesto fonético “kakaw”. Existe otra referencia en el mismo Códice que ilustra a cuatro dioses perforándose las orejas con lancetas de obsidiana y dejando caer gotas de sangre real sobre frutos de cacao. Esto es especialmente interesante ya que nos revela que, para los mayas y los aztecas, había fuertes asociaciones simbólicas entre el chocolate y la sangre humana….

CONTINUARÁ..... III y IV PARTE

Jesús Luna

miércoles 12 de marzo de 2008

EL DESCUBRIMIENTO DEL CACAO (1502) ( La almendra del dinero: historia, ritos y usos)

Con este sugerente título queremos iniciar una serie de artículos que sirvan de homenaje a tan preciado y suculento fruto. Nuestra intención es que todos podamos conocer un poco más de este manjar tan cercano y próximo a nuestros paladares y celebraciones, pero sin embargo, de orígenes tan remotos y distantes.

Hace ahora 500 años, y en un encuentro fortuito entre una canoa maya y una barco español, un niño de catorce años de edad observó atónito cómo unos comerciantes mayas se desvivían por recoger unas almendras que se les habían caído en la nave donde él viajaba junto a su padre y toda la tripulación. Así nos lo relata él mismo en su apasionante libro "Historia del Almirante": “las que pareció que estimaban mucho, porque cuando fueron puestas en la nave las cosas que traían, noté que, cayéndose algunas de esas almendras, procuraban todos cogerlas, como si se les hubiera caído un ojo”.

Estimamos que pudo ser el 13 de agosto de 1502 y el lugar la Isla de Guanaja (actualmente la isla de los Pinos en Honduras). Estaba a punto de producirse por casualidad, como ocurre en la mayoría de las cosas importantes en nuestras vidas, un acontecimiento histórico que revolucionaría la gastronomía mundial. El jefe maya de la canoa, el señor de Yumbé (jefe camino), regalaba a Hernando Colón un preciado regalo: habas de cacao. En este preciso momento se inicia la apasionante Historia del Chocolate.

Ese niño era Hernando Colón. Hijo natural de Cristóbal Colón y primer Colón español que acompañó a su padre en su IV viaje de descubrimiento (1502-1504) siguiendo la Ruta de las Especias, anteriormente realizada por Marco Polo. Durante esta odisea el Almirante, como le llama habitualmente su hijo, también descubrió lo que hoy conocemos como Centroamérica, es decir: Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Norte de Panamá.

I) Los Orígenes
Si viajamos en esa fantástica máquina del tiempo que es nuestra imaginación y nos trasladamos a Centroamérica, hace ahora aproximadamente 3500 años atrás, nos encontraríamos con los Olmecas, que vivieron hacia el 1500 a. C. en los bosques tropicales y las llanuras de pastos bañados por el Atlántico en el Golfo de México.

Nuestros anfitriones construían grandes centros ceremoniales en forma de piramides y se les tiene por los pioneros en la transformación y utilización y transformación del cacao.

No obstante, fueron los mayas y los aztecas quienes dejaron un importante legado sobre la utilización del cacao en sus ritos, al que atribuían poderes medicinales. También lo usaban en las transacciones comerciales como moneda y en la elaboración del chocolate.





Una linda leyenda narra que Quetzalcoatl, el dios de la luna y de los vientos, descubrió el árbol del cacao en los campos luminosos de los hijos del sol. Lo regaló a los hombres que le llamaron “El alimento de Dioses”. A partir del 250 d. C. los mayas de las Tierras Bajas crearon Ciudades-Estado tan importantes como Tikal (Guatemala) y Copán (Honduras). En ellas, elaboraban el “kakaw” (cacao) como bebida caliente de la clase alta, hecho que se refleja en las elegantes vasijas halladas en las tumbas de sus nobles.

Ek Chuah fue para ellos el dios de los mercaderes y agricultores del cacao.





JESÚS LUNA TORRES con un simpático CHORO


(Jefe de Campamento de Ruta Quetzal)




CONTINUARÁ………….